martes, 14 de octubre de 2008

salsa

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Foto por: luciérnaga

Se encienden las estrellas,
Se apagan los motores,
La Mariscal se embulle glotona de
Miradas, pasos, encontrones.
El tiempo kaotiza,
En sube y baja emocionales,
La piel se erotiza, los poros incitan…

La cómplice música con sus bongoes,
Sus negros y su clave,
Congrega una secta de reivindicación de la
Bohe-mía y la comunión del cuerpo…
Donde Changó, Ochún y Oricha
Llenan de colores de fuego,
Sol y nieve los latidos del corazón.

Caderas-dientes se muerden unas a otras,
Comen, mastican y degluten.
Pies-hormigas encuentran camino a seguir,
Sin hablar, unos tras otros.
Manos elásticas contorsionan,
Cual equilibristas
Sobre soga invisible.

Una sopa primigenia
De sudores, olores y sabores
Unos amores peregrinos,
De ocasión, de invención…
Unos solitarios de siempre,
Unos locos de nunca…
¿Acabar?

Mientras las estrellas chismean,
La Virgen de Legarda calla sus ganas,
En su frigidez de piedra y frío de páramo.
Y el Pichincha, viejo y pícaro sabio,
Recuerda a la nívea Cayambe,
A la Mama Cotacachi,
Y las anhela vehementemente.

Y abajo se funden las pieles
En un amor puramente carnal.
Y vuelven los andróginos
A dominar y ser dioses
De rabos de luna plateada,
Libres de castigos, moralismos
Por agotadoras horas.

Con el último latido del timbal,
También agoniza el deseo…
El clímax la ciudad,
Parte las pieles,
Rompe el conjuro…


¡Hasta la vuelta Señor!

1 comentario:

Mary J. Varher dijo...

INTENSO!
ME GUSTA KOMO ESCRIBES...
CIAO!